XIII BIENAL FEMSA

¿Qué mundo es éste que nos obliga a tener en cuenta, a la vez y en el mismo aliento, la naturaleza de

las cosas, las técnicas, las ciencias, los seres de ficción, las religiones pequeñas y grandes, la política,

las jurisdicciones, las economías y los inconscientes? Nuestro mundo, claro está.

Bruno Latour, Nunca fuimos modernos.(1)

Hoy en día el modelo de bienal de arte cuenta con más de un centenar de años tras su fundación en Venecia en 1895. En la actualidad, las bienales — gracias a la transformación de sus formatos a lo largo de la historia de las exposiciones— se han vuelto terreno fértil para las discusiones sobre las funciones del arte contemporáneo y su relación con los modelos expositivos.

La XIII Bienal FEMSA, Nunca fuimos contemporáneos, propone cuestionar la temporalidad implícita en las bienales, cuya periodicidad presupone, desde sus orígenes, que tales eventos mostrarían lo más avanzado en materia artística cada dos años, como una definición de la actualidad. Podríamos decir que la justificación de la periodicidad de estos eventos internacionales subsume las bienales al entendimiento de que su función recae en definir el presente, esto es, lo contemporáneo. Este término relativo al marco temporal de “lo actual” se ha usado para referirse al “arte de avanzada” desde hace aproximadamente seis décadas. Sin embargo, la noción de lo contemporáneo despliega, paradójicamente, la imposibilidad de una definición válida, una vez que el presente se redefine a cada instante. Esta misma imposibilidad ha servido de argumento para que las bienales se reinventen en cada edición. En este sentido, la primera pregunta que se hacen este tipo de eventos es qué entendemos por lo contemporáneo, o bien, lo actual.(2) ¿Qué significa preguntarse por la actualidad? ¿Qué campos de fuerza constituyen la presencia o la ausencia de lo contemporáneo?

La XIII Bienal FEMSA, Nunca fuimos contemporáneos, pone en tela de juicio la función atribuída a las bienales de presentar un “diagnóstico de época” a través del arte contemporáneo. Con este propósito, el programa curatorial se enfoca en las formaciones híbridas entre lo histórico y lo contemporáneo al tomar como punto de partida el libro Nunca fuimos modernos, del filósofo Bruno Latour, en el que se refiere a la modernidad como el intento por desatar la complejidad de un nudo, el nudo gordiano.(3)

La XIII Bienal FEMSA, Nunca fuimos contemporáneos se llevará a cabo en la histórica ciudad de Zacatecas para proponer un modelo narrativo de superposiciones que, más que pretender mostrar la contemporaneidad de las tendencias artísticas, apuesta por una reflexión histórica a contrapelo. El esquema de esta bienal explora modelos colaborativos en los que los proyectos y exposiciones conforman espacios al interior de otros espacios en el marco de un corredor cultural multifocal. Este modelo narrativo de superposiciones se vertebra a partir del concepto de espacio múltiple, acuñado en la década de los setenta por el artista zacatecano, Manuel Felguérez. Otro concepto articulador de la bienal es el del desformalismo que se concibe como una lente para mirar la historia desde el presente, la actualidad como un nudo gordiano. Nunca fuimos contemporáneos propone revisar la formación de lo histórico desde diversos proyectos museológicos, editoriales, pedagógicos y comisiones de obra a artistas. El énfasis de la XIII Bienal FEMSA está en la visualización formal de lo histórico a través de ciertas problemáticas de la abstracción moderna, la iconología barroca y las artes populares.

Por medio de exposiciones en diversas instituciones culturales, proyectos comisionados para el espacio público y colaboraciones con centros culturales, museos comunitarios e iniciativas autogestivas de la ciudad de Zacatecas, la XIII Bienal FEMSA ensayará modelos historiográficos y museológicos críticos. En relación con la ciudad y su profundo tramado histórico, el título de esta edición, Nunca fuimos contemporáneos, nos incita a reflexionar sobre la función de las bienales, al mismo tiempo que invita a los artistas y públicos a pensar sobre las formaciones culturales, sociales y estéticas que impiden, ralentizan o aceleran la aparición de lo contemporáneo. En este sentido, alude en general a una reflexión sobre el estatuto temporal del arte contemporáneo como garante de lo actual y, en particular, a la posibilidad de organizar una bienal de arte contemporáneo desde lo histórico, a partir de los acervos de los museos zacatecanos y las tradiciones locales.

Nunca fuimos contemporáneos vislumbra un recorrido por lo no-contemporáneo, como un posible repertorio para trabajar desde una perspectiva desformalista, que permita configuraciones en red de obras que conforman un nudo gordiano o bien un montaje híbrido entre lo moderno, lo artesanal, lo popular y lo barroco. Nunca fuimos contemporáneos pone énfasis en las tensiones entre lo barroco colonial, lo moderno y posmoderno, así como en la persistencia de lo artesanal y lo popular, para reflexionar sobre cómo estas formaciones se entretejen o permiten entrever las latencias históricas, económicas y sociales como son, por ejemplo, la migración o la extracción de recursos minerales. ¿Cómo podemos analizar simbólicamente estos repertorios, sus flujos y su historia a partir de los anacronismos, persistencias, desformaciones y actualizaciones? ¿Cómo pueden las prácticas museológicas contemporáneas desformar simbólicamente este nudo gordiano de tensiones histórico-sociales irresolubles?

DESFORMALISMOS

No escapa del pasado el que lo olvida.

George Didi-Huberman, Cuando las imágenes toman posición (4)

El programa de colaboraciones museológicas de Nunca fuimos contemporáneos tiene como concepto rector el desformalismo. Por un lado, éste evoca una escuela historiográfica, el formalismo y; por el otro, la relación montaje-desmontaje: un procedimiento de análisis crítico tanto de las formas artísticas como de sus significados en un marco museográfico específico. Al integrar opuestos, la relación entre estos términos asociados a la historiografía y la teoría estética, conforman un concepto dinámico que permite visualizar las formas culturales como un campo de tensiones,un nudo gordiano.

 

En términos dialécticos, el desmontaje presupone la condición de distanciamiento de la mirada; algo cercano al distanciamiento y el extrañamiento que reconocemos en el concepto de montaje a partir de Walter Benjamin y Bertolt Brecht. Desformar alude a una mirada puesta en la historicidad de las formas como si fueran síntomas o imágenes anacrónicas que persisten en el tiempo, tal como las entendió el historiador Aby Warburg. Por medio de este procedimiento asumido como estrategia curatorial, lo que se pretende es producir el “efecto distanciador”, una mirada crítica para situar al espectador en una actitud analítica frente a las formas de la historia, sus instituciones, tradiciones, etc. Según la posición distanciada que asumen la curaduría y los proyectos artísticos de Nunca fuimos contemporáneos, se pretende asumir la inevitabilidad de la mirada distante y, al mismo tiempo, aprovechar este alejamiento para “desformar” la realidad en una suerte de extrañamiento. Si las formas actuales se debaten entre lo actual y lo anacrónico, ¿cómo podemos desformarlas al grado de que mediante el extrañamiento del desmontaje museográfico y artístico lo contemporáneo aparezca en complicidad con lo histórico? En términos curatoriales esta condición paradojal se despliega a partir de la conformación de constelaciones u operaciones en red de los diversos campos de fuerza que le dan a la forma su sentido. Por lo tanto, desformar implica siempre reconstituir lo mismo —la tradición—, desde el efecto de extrañamiento de su propia identidad.

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 El formalismo hace alusión a las vertientes que estudian el arte a partir del desarrollo autonómico de sus formas, mientras que el desmontaje, por lo contrario, supone un procedimiento de distanciamiento que permite escudriñar el contexto social, político, religioso y económico. En este sentido, por desformalismos entendemos la función del arte como un instrumento de negociación para actuar de manera directa en el entramado simbólico, produciendo un extrañamiento de lo habitual.  El formalismo hace alusión a las vertientes que estudian el arte a partir del desarrollo autonómico de sus formas, mientras que el desmontaje, por lo contrario, supone un procedimiento de distanciamiento que permite escudriñar el contexto social, político, religioso y económico. En este sentido, por desformalismos entendemos la función del arte como un instrumento de negociación para actuar de manera directa en el entramado simbólico, produciendo un extrañamiento de lo habitual.
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Con este concepto, la XIII Bienal FEMSA se percibe, antes que como un marco temático que visibiliza un diagnóstico de época, como un procedimiento analítico e historiográfico para el desarrollo de los marcos curatoriales, pedagógicos, las comisiones artísticas y el programa editorial. La noción de distanciamiento ligada a los procedimientos de montaje del arte de vanguardia del siglo XX es un recurso conceptual que puede aplicarse a las prácticas tanto artísticas como museológicas. Por otra parte, tal concepto alude también a la locución portuguesa barrôco o perla deforme, que dio origen al término o estilo historiográfico conocido como Barroco.  A este respecto, podríamos comentar que en el barroco encontramos por lo tanto una desformación de los cánones clásicos, una suerte de equivalencia con respecto a la lectura que aquí se propone de la modernidad y las artes populares.
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Los desformalismos también enuncian una posición curatorial de exterioridad, misma que permite acercarse y alejarse de lo local como una estrategia de desmontaje y remontaje de los modelos estéticos coloniales del Barroco, las artes populares, la gráfica, la Escuela Mexicana y el geometrismo abstracto de la segunda mitad del siglo XX. Por lo mismo, este concepto suscrito al distanciamiento crítico de las formas requiere también una visión no enraizada en lo local, sino una mirada poscolonial, desformalista. Esta metodología o modus operandi será la base para la articulación de las diversas plataformas que conforman el programa de la XIII Bienal FEMSA.
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A grandes rasgos, esta bienal consta de diversas dinámicas programáticas y marcos conceptuales que podrán ser utilizadas por los curadores y artistas invitados a colaborar. Paralelamente a la metáfora del nudo gordiano, este planteamiento se concibe como un esquema abierto a planteamientos suscritos a las reflexiones en red, los espacios múltiples o los montajes constelados o híbridos. Así, las proyectos podrán desplegarse desde lo histórico hacia intereses ecológicos, económicos y antropológicos, o bien, museológicos, iconológicos y desformalistas. Nunca fuimos contemporáneos, por lo tanto, es una enunciación abierta que sirve de telón de fondo para las investigaciones tanto curatoriales como artísticas, editoriales y pedagógicas que se llevarán a cabo a lo largo de los diversos programas que dan estructura a esta propuesta de bienal.

(1) Bruno Latour, Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica, Víctor Goldstein (trad.) (México: Siglo Veintiuno, 2012), 87 – 88.
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(2) Según Luis Ignacio García, la actualidad es “uno de los conceptos más complejos del pensamiento benjaminiano, que entrelaza motivos de su teoría del conocimiento, de la historia y de la política, esta actualidad remite al diseño de constelaciones críticas de presente y pasado, en las que la linealidad de la historia se ve subvertida desde sus extremos”. Luis Ignacio García, “La actualidad de Walter Benjamin. Giorgio Agamben, Georges Didi-Huberman y el problema de la temporalidad”, en Herramienta. Disponible en http://www.herramienta.com.ar/coloquios-y-seminarios/la-actualidad-de-walter-benjamin-giorgio-agamben-georges-didi-huberman-y-el-p
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(3) En este libro, Latour explica el concepto rector de su filosofía: las “realidades híbridas”, similares a las constelaciones benjaminianas, resultan de un campo de batalla entre grupos de intereses enfrentados. La caracterización que usa Latour es la del nudo gordiano: una red de opiniones, instituciones políticas, textos escritos, etc. La modernidad, según esta teoría, es el intento de limpiar el mundo, o bien, de cortar el nudo gordiano.
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(4) George Didi-Huberman, Cuando las imágenes toman posición. El ojo de la historia, I (Madrid: Antonio Machado Libros, 2008), 43.